domingo, 18 de diciembre de 2011

Ollanta Humala traidor: La historia del adiós de Lerner

La siguiente es una crónica de cómo un traidor como Ollanta Humala se desprende de un sector de la izquierda que lo llevó al poder. A este sujeto Humala (a) el pragmático, lo único que le interesa es el billetón, pues gracias a la política pasó de pobre diablo a vividor, con mucho dinero de por medio. No tenemos duda que la corrupción en este gobierno marcha viento en popa, hay cajera para ello.

Historia de un adiós

El relato de la derrota del gabinete de concertación que presidió Salomón Lerner y del triunfo del sector conservador-militar que encabeza Óscar Valdés. Los factores en juego: el núcleo que formaron Miguel Castilla y el actual premier. La desarticulación de la izquierda. El entorno de Ollanta Humala. Los errores del ex premier. Los que se fueron y los que se están yendo.




Por Óscar Miranda



“Este no es mi proyecto. Este es otro proyecto”. La frase es de Salomón Lerner y no fue pronunciada la semana pasada, en medio de la crisis ministerial que se tumbó a su gabinete. La dijo hace cosa de un mes, a uno de sus colaboradores.



“Yo ya estoy harto”. Esta revista no ha podido establecer las razones que, tras solo cuatro meses de gestión, llevaron al ex premier a pensar en tirar la toalla. Pero ha confirmado que lo decidió y se lo comunicó a Ollanta Humala. Planeaba irse el 20 de diciembre. Una segunda opción era salir de licencia ese día y volver en enero, para renunciar. Como ya se ha escrito, todo se precipitó con la crisis de Conga. Como dice uno de los altos funcionarios que lo acompañó en su partida, “los guardianes socráticos del presidente ganaron la batalla”.



Domingo conversó esta semana con ex ministros y ex funcionarios del Ejecutivo para tratar de entender la derrota del llamado gabinete de concertación. El resultado es un relato en el que se ponen de manifiesto tensiones internas, debilidades de unos y fortalezas de otros, errores del propio premier y, de manera fundamental, el afán del presidente de la República por concentrar el poder, rodeado de un grupo de funcionarios de confianza con mayor influencia sobre él que sus propios ministros.



Definiciones internas



“Creo que un error de Salomón fue no aglutinar a un grupo de ministros a su alrededor”, dice uno de los que dejaron el gabinete. Otras versiones apuntan en ese sentido. Lerner llegó como el concertador que unió a la izquierda y la derecha y creyó que, pese a todo, podrían funcionar sin problemas. Las tensiones afloraron rápidamente. Kurt Burneo y Miguel Castilla fueron los primeros en manifestarlas (el primero había sido el ministro de Economía cantado hasta que Humala sacó de la manga al segundo). En teoría, Burneo debería haber hecho una alianza con Aída García Naranjo, a quien conoce hace 20 años (ambos trabajaron juntos en la ONG Cedal), pero ambos también estaban distanciados: el ministro de la Producción le estaba desarmando el Mimdes a su vieja amiga para crear el Ministerio de Inclusión Social.



“La izquierda estaba disgregada, cada uno por su lado”, dice una fuente. En cambio, “la derecha” no perdió el tiempo.



Castilla hizo buenas migas con el también liberal René Cornejo y con los empresarios Carlos Paredes y Óscar Valdés. Formaron un núcleo relativamente sólido. Eso se notó mucho durante la crisis de Conga; mientras ministros como García Naranjo, Rudecindo Vega o Francisco Eguiguren expresaban su apuesta por el diálogo, Castilla y Cornejo señalaban que no se podía parar la inversión y Valdés (y también Daniel Mora) hablaban de imponer el orden y la autoridad.



“(Valdés) es el mejor ministro del Interior que he visto”, dice una fuente que, por lo demás, discrepa en casi todo del pensamiento del nuevo premier. En las sesiones del Consejo de Ministros demostró personalidad e ideas claras y siempre cumplió con eficacia los encargos que le dio Humala. Todo el gabinete lo respetaba. El mandatario –alumno suyo en la Escuela Militar de Chorrillos– empezó a tenerle cada vez más confianza.



El círculo de Humala



Para Lerner las cosas eran más difíciles debido al propio sistema de trabajo de Humala. Se trata de un presidente que no toma decisiones políticas junto a su gabinete. Las sesiones del Consejo de Ministros eran irregulares. Si su antecesor, Alan García, las realizaba todos los miércoles de 8:30 am a 1:30 pm, Humala nunca estableció una rutina. Un ex ministro afirma que una vez no hubo Consejo de Ministros en casi un mes. “Había sesiones virtuales, por correo, pero eran para aprobar decretos; allí no se podía debatir”, dice. Otra fuente afirma que “en los consejos casi no se discutía; la mayoría de veces se aprobaba lo que decía el presidente”.



El otro problema es que Humala no era afecto a los Acuerdos Supremos, las reuniones entre él y los ministros individualmente. Podían pasar semanas y no les daba cita. “Yo tenía que pelear, insistir para que me recibiera”, dice un ex ministro.



Las fuentes aseguran que, en lugar de adoptar las decisiones políticas con su gabinete, el mandatario lo hacía con su entorno de asesores y asistentes más cercano. Una figura clave de este círculo es Marco Barboza, el secretario del Consejo de Ministros –a quien algunos ya ven como el futuro secretario de la Presidencia, en reemplazo de Luis Chuquihuara–. Las otras son los consejeros presidenciales Luis Roy Gates y Adrián Villafuerte. “El presidente tomaba las decisiones políticas con ellos”, dice un ex ministro que nunca ocultó a sus colegas su molestia por esta situación.

En las últimas semanas se habrían sumado a esta suerte de kitchen gabinet Óscar Valdés y su entonces viceministro de Orden Interno, Luis Alberto Otárola.



Se puede entender, en este contexto, la incomodidad que Salomón Lerner compartía en privado con sus colaboradores, y sus deseos de irse. Incomodidad que se agravó con lo que ocurrió durante y después de las negociaciones en Cajamarca.



El difícil trance



El sábado 3, el Consejo aprobó, en sesión virtual, el decreto que autorizaba el estado de emergencia –Vega y Eguiguren fueron los únicos que votaron en contra–, pero lo hizo ante la posibilidad de que el diálogo fracase. Al día siguiente, cuando la comisión que encabezó Lerner llegó a Cajamarca, encontró que el estado de emergencia ya se aplicaba en la práctica: la ciudad estaba militarizada. Su segunda sorpresa fue la ceremonia de corte marcial en la Plaza de Armas en la que los involucraron Valdés y Otárola. La tercera, que la Policía, por órdenes de Otárola, impidiera el ingreso a la reunión de varios alcaldes y dirigentes (la lista de los que podían entrar había sido elaborada por Inteligencia).



Pero lo que menos esperaba la comisión fue que hubiera funcionarios presentes en la cita que le informaran al presidente de lo que se discutía en ella. Al menos dos fuentes aseguran que Humala llamó en reiteradas oportunidades al entonces premier para indicarle lo que debía decir. Poco después de que se hubiera redactado el acta, el mandatario ya conocía su contenido y volvió a llamar a Lerner para pedirle ajustes. “Salomón pasó un momento muy difícil”, señalan las fuentes. El diálogo, como se sabe, fracasó y esa noche Lerner y los miembros de la delegación se enteraron por televisión de que Humala decretaba el estado de emergencia.



La semana pasada, con la detención arbitraria de Wilfredo Saavedra y el congelamiento de las cuentas del gobierno regional de Cajamarca, las situaciones llegaron a un límite. El martes 6, Lerner comentó a un amigo: “Yo ya me voy”.



“¿Cuándo?”, le preguntó. “Lo más pronto posible”. En coordinación con Humala, el jefe del gabinete acelera la búsqueda de ministros. El viernes llamó a sus ministros y los cita para una reunión al día siguiente por la mañana. Esa tarde presentó su carta de renuncia. Por la noche, Humala lo visitó en su casa (esta revista no ha podido conocer lo que se trató en la reunión). Al día siguiente, ante su equipo ministerial –faltaron Giesecke, Herrera Descalzi, Castilla, Roncagliolo, Baca y Valdés, que ya andaba en la búsqueda de sus ministros– les anunció que se iba. Hubo sorpresa –la mayoría pensaba que el relevo sería en enero– y decepción. García Naranjo no pudo contener las lágrimas.



Al despedirse, Lerner le dijo a uno de los ministros que se iba con él: “Creo que debimos articular mejor las cosas”. Ya era demasiado tarde.

Los que ganaron



El nuevo gabinete representa el triunfo del ala liderada por Óscar Valdés y Miguel Castilla. Valdés es el premier, su ex viceministro Luis Otárola es ministro de Defensa y su ex jefe de asesores, Daniel Losada, lo es de Interior. Castilla, por su lado, tiene a su ex director general de Gestión, José Villena, como ministro de Trabajo. Según una versión, los viceministros del Ministerio de Inclusión Social, Juan Pablo Silva y Jorge Arrunátegui “son MEF boys”. Villena, por lo pronto, ya adelantó que el segundo tramo del aumento del salario mínimo está en evaluación, pese a que la gestión de Vega lo había dejado listo.



La ruptura del gabinete de concertación ha sido celebrada por viejos enemigos como la derecha mediática, el empresariado que hizo campaña en su contra y el fujimorismo. Keiko Fujimori ha considerado positivo el cambio y ha pedido no discriminar al premier Valdés por el hecho de ser militar. “Este es un gobierno de los poderes fácticos”, dice uno de los colaboradores de Humala de la primera hora, quien participó en el primer Plan de Gobierno y tuvo un alto cargo hasta la salida de Lerner. “Ha hecho una alianza con las Fuerzas Armadas y los poderes económicos. Tal como lo hicieron García y Fujimori. Si me preguntas, sí. Yo me siento traicionado”.



LA IZQUIERDA SE VA

La renuncia de Salomón Lerner al gobierno ha significado la salida de buena parte de los tecnócratas de izquierda que llegaron con él. De los 22 integrantes del colectivo Ciudadanos por el Cambio que este diario ha identificado en el Ejecutivo, al menos 14 dejaron o están a punto de dejar sus cargos. Algunos, como Carlos Tapia, José de Echave y Vicente Otta, lo hicieron semanas atrás por problemas propios. Otros, como Sinesio López y Cecilia Israel, asesores de Lerner, presentaron sus renuncias junto a la del ex premier. Manuel Dammert, también de la PCM, lo hará en los próximos días.



Del Ministerio de Ambiente han salido Ricardo Giesecke y Hugo Cabieses. En el Mimdes, a Aída García Naranjo la seguirían sus viceministros Eduardo Ballón y Rocío Villanueva y la jefa de su gabinete de asesores, Diana Miloslavich. Susana Chávez, asesora en el Ministerio de Salud, también acaba de renunciar, empujada por la salida de Lerner y harta –según dice– de la política que conduce Alberto Tejada.



Los economistas Félix Jiménez y Óscar Dancourt también renunciarán a sus puestos de consejeros presidenciales de Ollanta Humala debido a que, según una versión, el mandatario hace tiempo que no les consulta nada.